Basado en hechos reales (I)

Basado en hechos reales – Nach Scratch feat. Nona

(…) ¿porqué la gente desconfía?
¿porqué si eres legal te patean día a día?
¿porqué siempre tienen más los que menos lo merecen?
¿porqué los cabrones ríen y los honrados padecen?
¿porqué no puedo ser libre, si no hago daño a nadie?
¿porqué los que lo hacen siguen estando en la calle?

Y allí es donde estoy yo, protegido por los míos
(…) y ahora sonrío, cuando rebusco en mi memoria
recuerdos de miseria, recuerdos de victoria
recuerdos de esa gente, que por mi no dio ni un duro,
siempre le planté cara a aquel que quiso patearme el culo.
Escucha esta historia, es la historia de mis males
es mi historia… basado en hechos reales.

Todo empezó un lunes 8 de febrero de 2016. Las malas historias pero con final feliz empiezan en lunes. Era pronto, a las 5:30, cuando la alarma del móvil sonó. Tras nuestros “5 minutitos” extra usuales, me dispongo a levantarme para empezar a preparar el desayuno, ya que Nathália, mi esposa, empieza su jornada antes que yo. Algo extraño sucede en cuanto apoyo mi peso corporal sobre la pierna diestra. Un dolor inmenso me recorre la rodilla y mi pierna sucumbe. Caigo de espaldas sobre la cama y sólo puedo apretar los dientes del dolor. Casi me desmayo en aquel momento. Nathália, alertada al verme caer, no sabe cómo reaccionar. Me quedo extendido durante unos 15 minutos y el dolor, si bien no desaparece por completo, se diluye. La sensación es peor que cuando recibes un low-kick bien dado, para aquellos que sean familiares con los deportes de contacto. Decido ese día trabajar desde casa, por si tal dolor se volviera a repetir. Como cada día, Nathália se marcha de casa a las 6:30 y me quedo solo trabajando, tras desayunar y tomar un ibuprofeno. Más tarde, le escribo un correo a mi jefe para informarle de lo acontecido. Él me responde que no hay problema alguno, pronosticando una posible inflamación del nervio ciático.

Al día siguiente ya estoy de vuelta a la normalidad: desplazamientos en bicicleta, trabajo… Ya no tengo dolor y ni siquiera se me ocurre pensar que sería algo de importancia. Mi mujer se mostró reacia a que fuera a entrenar, pero el CrossFit ya formaba parte de mi día a día, y no me podía perder un entrenamiento más, y menos a las puertas de los Open Games.

Y así, nos plantamos en 29 de febrero: otro lunes. Me encuentro en Weingarten (Alemania) por motivo de una conferencia de óptica. Tras el tutorial del domingo, me encuentro muy contento y motivado con los días que me esperan por delante y con mi presentación. Cuando me dirijo al baño para tomar la ducha matutina me vuelve a dar el dolor en la misma rodilla. Esta vez, como no se trata de una sensación nueva, consigo autocontrolarme, y a la pata coja tomo una buena ducha de agua caliente con las manos sobre las agarraderas metálicas. Esta vez el dolor desaparece mucho más rápido y la cojera renqueante del principio es historia pasada una hora aproximadamente (y un buen desayuno!).

Las semanas posteriores transcurrieron con total normalidad pero, tras contárselo a mi mujer, a Brigitte, la secretaria de mi laboratorio, y a varios compañeros, éstos logran convencerme para que vaya al médico. Hace ya tanto tiempo desde que tuve el dolor por última vez que hasta me es difícil describirlo. Yo, bastante reacio a ir al médico porque literalmente “soy más fuerte que el vinagre”, finalmente caigo en manos de un médico de familia de Neuchâtel. Era la segunda vez que iba desde que estaba en Suiza, pero la vez anterior se trató de un accidente (caí desde una altura de 3 metros con la espalda contra el suelo haciendo un WoD (Workout of the Day) de toes-to-bar). Éste me dice que haga reposo y me receta… ¡magnesio! Me siento tan frustrado tras esa visita que no puedo ocultar mi decepción. No volveré al médico.

El tiempo va pasando y, a veces, siento dolor en el culo yendo en bicicleta hacia el trabajo o hacia el entrenamiento. O bien tras días encadenados de entrenamiento de pierna (jump box, back/front squat, etc.), pero siempre aparecen estos dolores tras un tiempo de reposo (3 o 4 días sin entrenar). El tratamiento que decido seguir es no entrenar el día que tengo dolores y tomar un ibuprofeno si el dolor es demasiado.

Recuerdo un día en Junio, precisamente el día 21, en que se jugaba el Portugal-Polonia de la Eurocopa. Ese día una amiga nuestra (Manu) se graduaba de sus estudios y fuimos a celebrarlo yendo a cenar a un restaurante. Aquel día nos tuvimos que ir antes de tiempo de allí, pues me dolía un montón el culo al estar sentado y creo que hasta me dio fiebre. La vuelta a casa en moto ya os podéis imaginar cómo fue: de todo menos agradable. Pero, como ya decía antes, con reposo todos los dolores se me fueron y continué  mi vida de manera normal…

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